miércoles, 18 de abril de 2012

Duelo tardío


Tú estas en tu pieza ignorante a lo que me pasa, como cada día ni siquiera sales a saludarme, es como si yo no existiera para ti.

En la radio tocan una canción que parece escrita para nosotros, que cuenta nuestra historia sin final feliz. Los ojos comienzan a llenarse de lágrimas y sé que han pasado montones de años, sin embargo, no puedo parar de llorar sabiendo que tú eras la persona que solía amar.


domingo, 15 de abril de 2012

Cuál es mi súper habilidad

Han notado que todos conocemos a alguien que hace un trabajo simplemente tedioso, pero fuera de eso se dedica a pintar autos de carreras clandestinas, hace trajes reacreacionistas, cosplay, accesorios, joyas, algunos hacen sus propios joystick de juegos, así, simplemente tienen talento.

Otros apelan a los clásicos, no por ello peor considerados. Cantan como los dioses o pintan o dibujan, tocan instrumentos, practican deportes de alto impacto, bailan maravillosamente. La gente tiene hobbies.

Juntan cartas, servilletas, son fotógrafos de medio tiempo. Talento, talento, talento everywhere. Donde mires habrán talentos. Malabaristas, artistas callejeros, y mientras más pienso más cosas se me ocurren y heme aquí en busca de mi hobbie, si, he probado hartas cosas y hasta ahora nada donde me sienta en casa. Lo he pasado bien, pero nunca he tenido un gran talento para nada. Yo soy la persona que tiene talento promedio para todo.

He dibujado, pintado, cantado, bailado, he hecho artesanías, he cosido un poco, también he cocido porque me gusta cocinar, pero nada, todo promedio tirando para feo.

Me aburro rápido además, es como si quisiera encontrar lo que hago bien ahora y allí arrinconados o perdidas: telas, paño lenci, los elásticos para Pilates, la ropa de aikido, el buzo de aeróbica, las cosas para disfrazarme, los hilos para bordar, ahí, todo olvidado, empolvado. Las croqueras, los lápices y los cuadernos.

Hace poco compré masa moldeable. Hice un par de cosas que hoy pinté en acrílico y creo que no es mi hobbie. Mientras me pintaba las uñas pensaba en si encontraré mi hobbie, ese que me llene y para el que tenga talento. Quizás cuando lo encuentre descubriré que no tengo talento, pero sé que no me importara porque habré encontrado algo que me llene.

En fin sigo preguntando si existirá, si tendré algún súper poder oculto, un súper talento deslumbrante o quien sabe, quizás mi talento sea pintarme las uñas.

lunes, 9 de abril de 2012

Abril

Ha empezado este mes que invita al otoño. Se supone que las hojas de los árboles se tornarán amarillas y poco a poco comenzarán a caer. Se supone que tendremos que usar esa hermosa ropa de otoño cargada de hermosos vestidos y que cuando caminemos escucharemos el crujir de las hojas secas.
Esto en el lado romántico.
En realidad, los días se pusieron grises, no ha habido tantos de estos y yo aún espero un sol que se despidió de nosotros. Quiero sol con locura, me gusta la luminosidad, me hace sentir a mi luminosa.
Los días están grises y más que glamour, tengo frío, pero no me quejo. El otoño invita a las sopitas, obliga a los abrazos y el cambio de estación ha traído cambios para mi, espero que continúen y que sean positivos.
¡Feliz otoño!

jueves, 29 de marzo de 2012

Akeelah y las Letras

Encuentro increíblemente motivadora esta frase de la película:

"Our deepest fear is not that we are inadequate. Our deepest fear is that we are powerful beyond measure. It is our light, not our darkness that most frightens us. We ask ourselves, 'Who am I to be brilliant, gorgeous, talented, fabulous?' Actually, who are you not to be?"

Nuestro temor más profundo no es ser inadecuado. Nuestro más profundo temor es que somos poderosos más allá de medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Nos preguntamos, ¿Quien soy yo para ser brillante, maravilloso, talentoso y fabuloso?, En realidad, ¿Quién eres para no serlo?

Me perdonan la traducción, pero bueno, esa es la idea :)


miércoles, 28 de marzo de 2012

Volví al chocolate :(

Me sentía una cínica leyendo la entrada ¡dejé el chocolate! siendo que volví a comer. La verdad es que no me siento bien por ello. Disminuí mucho los lácteos, pero el chocolate y las masa son mi talón de Aquiles. Eso si, no pienso rendirme tan fácil ante esta pelea.
Es como la lucha del Mío Cid contra sí mismo, pero es una lucha cotidiana, como la mayoría de las luchas que viviremos en la vida.
Creo que esa entrada me servirá para darme ánimos e ir dejando de a poco el chocolate...

domingo, 25 de marzo de 2012

¡Quiero esa lasaña!

Se me había olvidado esta entrada y esta lasaña. Entrada que publiqué el 2009 en mi otro blog. Como siempre, demuestra mi amor por la comida.

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Cuando era chiquitita iba a un restaurante con manteles de cuadrillé rojo con blanco, allí probé la mejor lasaña de mi existencia, pero sucede que un día el local cerró y me dejó un vacío culinario.
En mi vida he perseguido a esta lasaña perfecta. Fui a muchos lugares, pero jamás pude volver a darle a mi paladar el gusto de la perfección hecha pasta.
Un tiempo comía lasaña en el Naturista, era rica, pero hastío de tanto consumirla. También visité el Da carla y el Oh Sole Mío, pero no lograban darle al punto de la perfección.
Por cierto, probé en un montón de locales cuyo nombre no recuerdo (y de otros tantos que no quiero acordarme)
Hace algunos años tuve una esperanza por allí por República (o quizás Brasil, soy mala con las calles) en el San Genaro (que por cierto, ahora hace comida mexicana… sin comentarios), me dieron una lasaña que estaba demasiado rica, pero esa ilusión no duro más que una vez, fue ese loco amor de verano, intenso y fugaz…
Pero lo que sucedió hace unos días, eso, no me lo explico. Ya olvidados mis propósitos, decidí servirme algo en el centro (en realidad, no quería cocinar) y en ese local de libros y música, te conocí. No eras aquella lasaña de ayer, eras la de hoy, con berenjenas, zanahorias, hojas de espinaca fresca y berros, estabas con tu salsa de tomates, eras perfecta.
No fue una delicia de la nostalgia, sino el placer de lo nuevo. La casualidad de un local donde no hay menú.
Entre el goce de la combinación de sabores y texturas en mi paladar entendí que la lasaña del restaurante de mantel de cuadros, esa no volverá.

martes, 20 de marzo de 2012

Del Campo

Es tarde y mientras mi gente se reúne alrededor de la televisión, me instalo cerca del fuego a escribir. Mi abuelo estaba siempre al lado de un libro y yo estoy siempre al lado de una lápiz y un cuaderno.

Acá la cosa es distinta a la ciudad, porque acá tenemos tiempo para escribir, no andamos todos apurados esperando la micro, ni teniendo que ir a la pega en horarios inhumanos, no es que trabajemos menos, pero trabajamos diferente. Nos gusta estar con la familia y cenar juntos, nos junta tomar desayuno juntos, nos damos tiempo para compartir aunque tenga sus costos, quizás no somos ricos, pero compartimos.

Pienso en la trilladora, fue una buena inversión y aunque en esta época del año no es requerida, siempre me regala una temporada de celebraciones, pero no sólo eso. La trilladora se pagó sola, la arriendo conmigo incluido, claro está. Yo soy el dueño y yo la uso. En la época de trillas tengo mucho trabajo con esa máquina y me ha reportado muchos buenos ratos.

Los dueños de casa siempre me tratan bien, no falta chicha para pasar el calor, no falta un plato suculento a la hora de almuerzo preparado por las mujeres, ni la buena música animando. Me gusta especialmente cuando traen a los cantores; algunos usan radio hoy en día, pero otros traen a sus amigos y escucho las mismas canciones que escuché cuando acompañaba a mi abuelo y a mi padre, canciones que son de mi pueblo y que relatan como nos sentimos.

Es que acá, la cosa es distinta a la ciudad, porque no necesitamos andar escuchando música en inglés, nosotros somos gente de campo, gente de esfuerzo y por eso, sabemos valorar lo que somos y disfrutar los espacios que tenemos. Puede que la vida sea dura, pero después de esas largas jornadas, muchos celebran una fiesta donde le agradecen a todos sus amigos haberles ayudado con la trilla. Y funciona así, yo te ayudo a ti y tú me ayudas a mi. Entre todos, como vecinos, amigos y parientes, nos ayudamos mutuamente y esa ayuda se agradece con la celebración y el buen trato.

La celebración incluye chica y comida, incluye cueca y cumbia, incluye chistes, cotilleos y mucha risa. A algunos a veces se les pasa el trago, pero hay que estar listos para el día siguiente. Es simple, cuando la vida se pone dura, el trago te da la risa, te pone contento y se te olvidan los sinsabores. No voy a justificar a los que se pasan demasiado, pero si la vida se está poniendo dura porque se fueron las salmoneras y nos quedamos sin peces que pescar, hay que ponerle alegría a la vida.

Nosotros vamos a salir de esta, las salmoneras fueron promesas, nos dieron plata un rato, pero nos quitaron el resto. Mi abuelo ya decía que eso era trato con el diablo. Arrasaron con nosotros, pero vamos a salir adelante. Somos fuertes y si vamos a comer papas todo el año, lo vamos a hacer. Acá la mujer siempre sabe hacer magia en la cocina y nunca se queja, yo la admiro.

Nosotros estamos bien, es que yo terminé el técnico e invertí en la trilladora, mi mujer es maestra en la escuela. Nosotros siempre tenemos hartas visitas porque aquí no falta y si no falta, le convido al vecino porque acá sé que si me falta, mis vecinos le van a dar un plato caliente a mis hijos, porque cuando la cosa esta difícil, nos ayudamos.

Este fue un año duro y ahora estamos recluidos en el calor del hogar, los míos ven tele, tiran bromas, se ríen, los conchos de las familias andan corriendo por la cocina. Nosotros vamos a salir para adelante, mis vecinos, mis amigos también porque somos estamos acostumbrados a vivir en circunstancias difíciles, porque nos ayudamos, porque sabemos quien vive al lado, conocemos a todos con los que trabajamos, porque acá, el trabajo y la amistad van ligados. Es que la cosa acá es distinta que en la ciudad, acá no tenemos tanto, pero por lo mismo hay menos miedo a perder, hay más confianza en el otro y aunque mis hermanos se fueron a la ciudad, ellos siempre me dicen que echan de menos las cenas, los desayunos, los cantos, las tardes, los mates, las trillas, las majas, ellos me cuentan que no saben como se llama el vecino, que apenas conocen a su compañero de oficina, que se compraron la lcd, que fueron al restaurante no sé cuanto, que se compraron la ropa de la última temporada y que tienen un computador con Internet de otro mundo y me dicen que se siente solos porque allá la cosa es distinta al campo.