Se dice que los lectores viven
muchas vidas, pues no sólo viven la propia, sino la de los libros que han
leído.
No es una casualidad que la
mayoría de los grandes escritores hayan sido grandes lectores, como Cervantes o
Borges, ambos declarados grandes lectores; así Borges se jactaba de ser mejor
lector que escritor.
Lo maravilloso del lector, es que
aún sin salir de su metro cuadrado puede conocer el mundo, no sólo este, sino
abrir su mente a los mundos posibles, a las bibliotecas infinitas, a mundos
mágicos, a criaturas fantásticas. Puede descubrir lo maravilloso de lo
cotidiano, leyendo a Cortázar con sus instrucciones para subir escaleras o a
Saramago contando la vida de su reloj de cuerda.
Y eso me permite cada vez
entender más la misteriosa frase de que uno puede conocer el mundo desde la
ventana del pueblo más pequeño, como postula una famosa escritora. La ventana,
uno de los lugares favoritos del famoso Kafka, la ventana desde la que miraba
al mundo con ojos inquisidores, detallistas.
Puedes conocer muchos mundos o
viajar por los pensamientos más profundos de un personaje. La ventaja del
lector frente al no lector es que quien lee ha vivido miles de vida, se enamora,
se cae, se levanta, viaja, conquista reinos, asiste a bailes y todo sin salir
de su pequeño pueblo.


